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La Semana Santa ¿Hecho religioso o social?¿Intimor intimo meo?
Cada año, cuando se acerca la cuaresma o en la misma cuaresma, siempre hay alguien que henchido de estrés cofrade coge su pluma y nos dedica una encendida defensa de los valores religiosos que, desde su óptica, cree que siguen perviviendo en nuestra piel de toro extendida llamada España, como la llamó Estrabón.
Este cofrade estresado viene a decirnos algo así como: “El que no sea Católico, Apostólico y Romano que se aguante porque la Semana Santa, esta mística celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, que es Cristo y que es Dios; va a ocupar las calles de la ciudad con sus desfiles procesionales o estaciones de penitencia para regocijo de creyentes y fastidio de laicos, ateos y judeo-masones”.
Estos que todavía suspiran por el Nacionalcatolicismo, cuando los cardenales fueron equiparados a generales de brigada y el Santísimo recibía honores militares; cuando se derogaron las leyes ateas de la II República y se establecieron las leyes de inspiración católica del antiguo régimen, con la implantación de la pena de muerte y la supresión del matrimonio civil, del divorcio y de la coeducación; estos que todavía recuerdan con nostalgia, como Su Excelencia, entraba bajo palio a las iglesias y catedrales españolas; estos cofrades de pro amantes de la batalla de Clavijo donde Santiago Matamoros con sus huestes, y su famoso caballo blanco, derrotaba a los impíos sarracenos: “¡Santiago y cierra España!” ¡Qué falta nos haces ahora con tanto moro suelto por el suelo patrio!; éstos, todos estos, todos los años, confunden la velocidad con el tocino y se creen que el personal que está en la calle, viendo procesiones, son como ellos, que España es la de siempre: “ser español es ser católico”, la de toda la vida desde 1936 a 1975, y que Andalucía y Sevilla son la tierra de María y así, dirigiéndose a la sección de cartas al director de cualquier periódico nos intentan demostrar que pese a quien pese, España sigue siendo Católica, Apostólica y Romana porque las calles están llenas y … las iglesias están vacías en el denominado triduo sacro, donde con ritos solemnes se conmemora la pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo; donde celebraciones especiales, recuerdan la institución de la eucaristía en el Jueves Santo con lecturas de las Sagradas Escrituras, oraciones solemnes, y la veneración de la cruz que recuerdan la crucifixión de Cristo el Viernes Santo; el Sábado Santo se conmemora el entierro de Cristo; los oficios de vigilia de medianoche inauguran la celebración de la Pascua de Resurrección. Si todos fueran Católicos, Apostólicos y Romanos, las iglesias y catedrales estarían llenas de fieles, pero no es así, la gente está en la calle.
Fue el gran sociólogo Emilio Durkheim quien puso de manifiesto que el “fenómeno religioso” es en sí un “hecho social”.
La religiosidad es un fenómeno verdaderamente universal, de hecho, no se conoce ningún pueblo sin religión, pero una cosa es la existencia universal de la religiosidad, y otra, el grado con que la viven los individuos. La universalidad de la religiosidad abarca a todas las culturas y pueblos, pero no a todos los individuos en el mismo grado.
El mismo Durkheim define el hecho religioso como un sistema más o menos complejo de mitos, dogmas, ritos y ceremonias, constituyendo dos polos o categorías fundamentales: las creencias y los ritos. Las primeras son estados de opinión y consisten en representaciones de la realidad; los segundos son modos de acción sobre dicha realidad. Estas categorías terminan por dividir la realidad en dos dominios del mundo: lo sagrado y lo profano. En definitiva, podemos definir el hecho religioso como “un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a cosas sagradas; es decir, separadas, prohibidas, creencias y prácticas que se unen en la misma comunidad moral, llamada iglesia, a todos los que se adhieren a ellas”.
La religión se manifiesta al observador por medio de acciones sociales. De estas la más detectable es el ritual, o conjunto de ritos. Básicamente los ritos representan y se refieren a los mitos y, casi siempre, están conectados con la actividad salvacional y la expiación de la culpa.
La Semana Santa es un buen ejemplo de ritual público pero… no todos los individuos que forman una sociedad la viven de igual forma como a veces se nos quiere hacer ver de manera tendenciosa.
Un Católico, Apostólico y Romano la vive como expiación de la culpa por haber matado a Jesús, a Cristo, a Dios y confía en la redención de su pecado con la resurrección de Jesús, de Jesucristo, de Dios. Pero mucha gente vive la Semana Santa como una fiesta. La fiesta de los sentidos y de los sentimientos, la fiesta de la primavera y disfrutan de las marchas procesionales, del andar acompasado de los pasos, del olor a incienso y azahar y de la estética teatral y barroca que se nos muestra en las calles de nuestras ciudades y pueblos. Mucha gente no comprende que se nos quiera dar la imagen de una Semana Santa triste y lúgubre como las del antiguo régimen, no puede serlo, estamos en Andalucía y aquí las cosas son de otra manera, aquí los pasos de misterio se van de frente, de costero, sobre los pies… y los palios se mueven con gracia y al compás de marchas alegres o solemnes pero nunca tristes, aquí vemos la estética de las imágenes, su disposición en el paso… y que nadie piense que soy un irreverente, al contrario, lo que no comprendo es que un Católico, Apostólico y Romano vaya en contra de la palabra de Dios revelada por Él mismo en la Biblia, los pasos de Semana Santa no pueden representar a Jesús de Nazaret, a Jesucristo, a Cristo, a Dios y ni mucho menos son “el Señor” o “la Virgen”; porque está escrito en las Tablas de la Ley, los Diez Mandamientos, el Decálogo, entregado por el mismo Dios a Moisés en el monte Sinaí, su segundo mandamiento bíblico: “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Éxodo capítulo 20, versículos 4-6) (Éx 20, 4-6). Por si alguien cree que es un error lo que acabo de transcribir, puede consultar el Deuteronomio, capítulo 5, versículos 8-10: “ No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto. Porque yo, Yahveh tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos”. (Dt 5, 8-10). Hasta el mismísimo San Pablo, que no es sospechoso de laicismo, ateismo y complot judeo-masónico afirma: “Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano.” (Hechos de los Apóstoles, capítulo 17, versículo 29) (He 17, 29).
Evidentemente yo estoy hablando de la Biblia que contiene la palabra de Dios tal y como fue transmitida por su Espíritu, el Espíritu Santo; primero a través de los patriarcas y profetas y más tarde por boca de los apóstoles, como sostiene la doctrina: Dios es autor de la Biblia; por eso la Biblia es Su palabra.
No hablo, claro está, del Catecismo Católico, en éste, el segundo mandamiento, fue eliminado de cuajo, lo hicieron desaparecer, como si Dios no se lo hubiera dado a Moisés, alguien que se cree más que Dios, lo ha eliminado del Decálogo y eso a pesar de lo escrito por San Mateo: “Porque os aseguro que, mientras no pasen el cielo y la tierra, ni un punto ni una coma desaparecerán de la ley hasta que todo se cumpla” (Mt 5, 18). Pobre Mateo.
Por si todavía hay algún suspicaz, le digo que, la edición de la Biblia que he consultado tiene impreso el “Nihil Obstat” del Censor Eclesiástico, el “Imprimatur” del Censor Deputatus y está traducida de La Vulgata Latina al español; por tanto, no cabe duda que me he guiado por una Biblia Católica, Apostólica y Romana.
Por todo ello, la Semana Santa con sus pasos en la calle, debe ser una manifestación cultural y artística, una traición, un ritual antiguo basado en la adoración de imágenes, de ídolos (idolatría del latín idolatrīa, y este del griego εἰδωλολατρεία. Adoración que se da a los ídolos), pero en ningún momento una manifestación pública de la fe Católica, porque, por mandato divino, los Católicos, Apostólicos y Romanos, no hacen escultura ni imagen alguna de Dios, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra, y no se postran ante ninguna imagen, ni les dan culto. Tienen que cumplir los puntos y las comas de la Ley de Dios que se encuentra escrita en la Biblia. Y si no lo hacen: “Yo, Yahveh tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos”. Esto sí es Palabra de Dios.
Aquí, en Andalucía, vivimos la Semana Santa cada uno a nuestra manera, a nuestro aire, sin meternos con nadie, cada uno a sentir sus cosas como mejor le parezca y convenga, no nos gustan las imposiciones, el pensamiento único, ni las interpretaciones tendenciosas de los que se creen en posesión de la verdad. Porque ¿Qué panorama contemplamos cuando examinamos a la Comunidad Católica, Apostólica y Romana que nos quiere imponer su forma de vida? Pues que viven como auténticos paganos, como auténticos gentiles, preocupados por los placeres y las comodidades de esta vida que al fin y al cabo para el Católico, Apostólico y Romano es un valle de lágrimas y sufrimiento porque la auténtica vida es otra: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). Viven como si no hubiera infierno para castigar a los que no obedecen los preceptos de la Santa Madre Iglesia y una Gloria para premiar a las ovejas sumisas al Pastor que no abandonan el redil.
El panorama no puede ser más negro: apatía por las visitas al Sagrario y el rezo del Rosario en familia, sacramentos aplazados sine die, especialmente el de la penitencia, olvido del cumplimiento pascual, disminución de los óbolos y donaciones a la Iglesia, tibieza en el cumplimiento de los deberes religiosos, aumento escandaloso del número de bodas civiles (¡amancebamiento!); rupturas matrimoniales sin pagar como es debido al Tribunal de la Rota, todo por ahorrarse unos cuantos euros que vale una anulación como Dios manda; drástico recorte de las decenas de misas que antes se encargaban en sufragio de las ánimas del pulgatorio.
Aquel tiempo añorado por algunos en que los cines y los bares cerraban el Viernes Santo y los guardias multaban a las parejas por besarse en el parque, de cuando la censura prohibía la publicación de libros desedificantes y mutilaba las películas para que no aparecieran besos en la boca y achuchones, gracias a los que creemos en una sociedad civil y libre sin más imposiciones que las Leyes que todos nos hemos dado de forma democrática, aquellos tiempos, han terminado aunque algunos todavía sigan clavados en el Concilio de Trento y en el nacionalcatolicismo que fue práctica utilizada en España por la Iglesia católica durante el franquismo (1936-1975), caracterizada por su control, con el apoyo del Estado, de determinadas parcelas de la vida política y social española como gran parte de la educación y la moral pública que quedaban en manos de la Iglesia, quien censura la cultura e imponía sus normas sobre determinados comportamientos sociales, que identificaban la nación española con el catolicismo (ser español es ser católico) en la defensa de los valores religiosos católicos.
No sé si arrepentirme por haber desobedecido a Don Francisco, a Su Excelencia no, a Don Francisco de Quevedo y Villegas cuando en el capítulo II de su obra: “La vida del Buscón llamado don Pablos” nos dice: “Esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir”; claro que por otra parte, sí he hecho caso a San Juan: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,32). Ya me quedo más tranquilo.
Ego Sum Cirial de Misterio.
Posdata:
Para los de Ciencias de toda la vida, traduzco al español los términos latinos empleados:
“Intimor intimo meo”: “Más íntimo que lo íntimo mío”. Son palabras de San Agustín de Hipona (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental. Esta frase pertenece a su obra: “Confesiones” (397-401) y he encontrado varias versiones:
“Deus, intimior intimo meo!”: “¡Oh Dios, que eres más íntimo a mi ser que yo mismo!
“Tu autem intimior intimo meo et superior summo meo”: “Tú, Señor, eres lo más interior de lo más íntimo mío y lo más superior de lo más supremo mío”.
“Nihil Obstat”: "Nada se opone”, “No hay inconveniente”: Fórmula usada en el lenguaje eclesiástico para dar autorización a la publicación de un libro. Aprobación de la censura eclesiástica católica del contenido doctrinal y moral de un escrito, previa al imprimátur. Beneplácito.
“Imprimatur”: "Imprímase” : Licencia que da la autoridad eclesiástica para imprimir un escrito.
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Pasión por LA PASIÓN.
Sí, pasión por la Agrupación Musical “Nuestro Padre Jesús de la Pasión” de Linares es lo que sentimos, y ya hace de esto, diez años.
La oímos por primera vez en Córdoba, año 1999, detrás del paso de misterio del Divino Esparraguero, era Jueves Santo, recuerdo que estábamos en la Plaza de San Lorenzo y nos llamó la atención esa banda “nueva” que traía el Santísimo Cristo de Gracia. Tocaban de otra forma, no se parecían a nadie, se distinguían perfectamente los sonidos de los distintos instrumentos; lo comentamos varias veces con reputados cofrades y cuando nos preguntaban de dónde era esa nueva banda y les decíamos que de Linares, hacían un gesto con la cara como diciendo: “Y en Linares tienen Semana Santa”; ya sabéis que en 1999 como en 2009, las bandas que no provengan del río Guadalquivir abajo, según los “entendidos”, no saben tocar; hay que ser de un famoso barrio de la capital andaluza o tocar en una no menos famosa “madrugá” para que los “entendidos” reconozcan la labor bien hecha y den su beneplácito a una banda. Evidentemente esa opinión es válida solamente para “entendidos” como ellos, los demás escuchamos sin mirar en el librillo de dónde es la banda, y según toquen, así nos gusta o no. Apuntamos lo oído, y comenzamos a buscar un CD para volver a disfrutar de esa forma de interpretar, lo encontramos, era “Lágrimas de Pasión”; después de desgastarlo de tanto oírlo, confirmamos que estábamos ante una buena banda.
Ni que decir tiene que estábamos deseando que llegara el año siguiente, y llegó el temido año 2000, y el Jueves Santo volvió con el Esparraguero a Córdoba nuestra Pasión. Nos fuimos nuevamente a la Plaza de San Lorenzo, ese año la cofradía trinitaria en vez de subir por la calle Santa María de Gracia, iba a efectuar un giro (en Córdoba se gira, no se revira aunque determinados capataces empleen cada vez más este término tan de río abajo) que nos parecía complicado por las dimensiones del gótico paso de misterio. El Cristo de Gracia enfilaría la calle Arroyo de San Rafael, calle muy angosta en ese punto. Llegó el Esparraguero y con Él nuestra Pasión y … ¡Cómo venían los dos!, La Pasión de Linares confirmó que era una gran Agrupación, para nosotros, la mejor; sus marchas originales, su forma de interpretar, su compostura en la calle, ese “duende” que se percibe cuando toca La Pasión, lo hacen sintiéndolo, con arte, se gustan y gustan a todos los que tenemos la suerte de oírlos. De allí nos fuimos a la calle Enrique Redel para volver a escuchar esa sinfonía de cornetas y después, callejeando, llegamos a Capitulares; simplemente sensacional.
El año 2001 fue especial, La Pasión publicó su segundo CD “En tu Pasión” y, por primera vez nuestra Pasión, acompañó a Nuestro Padre Jesús de las Penas el Domingo de Ramos, ¿Que quién es Nuestro Padre Jesús de las Penas?, pues “El Gitano” de San Andrés, con sones piconeros y calés de Santa Marina.
En aquella época estaba muy mal visto por los enchaquetados, encorbatados y engominados cofrades cordobeses ir a determinados sitios para ver cofradías, uno de esos sitios era la Cuesta del Bailío, a nosotros no nos preocupaba porque siempre nos hemos considerado buenos “kofrades” que no “cofrades”, ese año, como desde hace muchos, nos fuimos allí, a nuestra cuesta, con la gente del pueblo (los demás disfrutan en sus sillas y ahora palcos de las Tendillas) con gente como nosotros, es decir; gente normal con zapatillas deportivas, pantalón vaquero, camisa y un saquito (jersey en forma fina) para el frío de la noche.
Comenzamos a percibir la diferencia respecto a otros años porque la banda se oía antes de que el Gitano llegara a la altura del azulejo de la Virgen de los Dolores. Lo que allí sucedió fue perfecto, el Gitano se iba de costero, con un compás, con un gusto, con un ritmo que era difícil de superar y la banda, nuestra Pasión, tocaba una tras otra marcha sin parar, que emoción, que conjunción más perfecta, que pasión por La Pasión confirmada.
Se me vienen a la cabeza las palabras de D. Antonio Capdevila Gómez en el pregón de la Semana Santa de 1987 (que buen año para mí) dedicó a la Esperanza, mi otra pasión:
“Por la cuesta del Bailío
Va bajando la Esperanza.
Los luceros titilantes
Se asoman a las barandas
De los balcones del cielo
Para poder contemplarla;
Bajo la malla del palio
Entre varales de plata,
Se perfila la figura
De la gitana más guapa.
Y al compás de sus hermanos,
Al ritmo de sus pisadas
Sobre los fuertes costales
Ella parece que baila
¡Olé la mujer más guapa!
La que Dios sentó a su vera
Por cordobesa y gitana.
Ni que decir tiene que nos quedamos boquiabiertos, lo que habíamos visto entre la banda y el Gitano era difícil de superar y no éramos solamente nosotros, la gente de alrededor lo había percibido también; ya estábamos deseando ver a nuestra Pasión tras el Esparraguero el Jueves Santo.
El año 2002 fue de los mejores, la Pasión de Linares vino cuatro veces a Córdoba.
El Domingo de Ramos acompañó al Gitano, el Martes Santo a Nuestro Padre Jesús Divino Salvador, resumiendo, al Prendi, el Jueves Santo al Divino Esparraguero y en el mes de octubre; con motivo de cumplirse el cincuenta aniversario de la fundación de la Hermandad Salesiana, nuevamente al Prendi.
Se había corrido la voz, aquel Domingo de Ramos de 2002 la Cuesta del Bailío estaba abarrotada (como lo está desde entonces todos los Domingos de Ramos), creo que todos querían ver lo que nosotros ya habíamos visto el año anterior, la perfecta conjunción del Gitano y nuestra Pasión y no defraudaron, la Pasión no dejó de tocar, encadenaba una y otra marcha y el Gitano de costero, sobre los pies, andando siempre de frente… dio todo un recital tanto el paso como nuestra Pasión, simplemente insuperable.
Aquel año el Prendi parecía andar mejor que nunca y La Pasión no dejaba de tocar una y otra vez sus marchas, cómo lo pasamos en la calle María Auxiliadora cuando el Prendi dio (y sigue dando cada año) esa chicotá desde San Lorenzo a su casa y el Jueves Santo con el Esparraguero a disfrutar nuevamente.
En el mes de octubre, se produce la salida extraordinaria del Prendi y recuerdo como si fuera ayer el solo de “Triunfo de tu Santa Cruz” en la Plaza de San Lorenzo, fue larguísimo o por lo menos a mí me lo pareció, se me escapó un ¡olé! que retumbó en toda la plaza, creo que fue un tal “Willy” quien sopló la corneta, que pasión por La Pasión.
El año 2003 también fue memorable, nuestra Pasión volvió a tocarle al Gitano, al Prendi y al Esparraguero.
En los años 2004, 2005, 2006 y 2007 acompañó al Gitano y al Esparraguero y desde 2008 a 2009 solamente al Gitano.
Asistimos al concierto que dieron en la Iglesia de la Magdalena el 15 de febrero de 2008, al que han dado este año 2009, en el patio blanco del Palacio de la Merced de Córdoba organizado por la tertulia cofrade “La Trabajadera”; en fin… que sentimos auténtica pasión por La Pasión de Linares, que estamos prendados por su forma de interpretar, que marchas como: “Triunfo de tu Santa Cruz”, “Ayudadle con la Cruz”,”De tus Penas… Soleares”, “Atado a la columna”, “Reo de Muerte”, “Lloras en tu Soledad”… Las interpretan de forma magistral, que da gusto verlos por la calle, en definitiva; que sentimos pasión por “La Pasión” sí, de Linares, Jaén.
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Aqui decimos lo que pensamos.
Escribía Lucio Anneo Séneca en su Epistolario: “Turpe est loqui, aliud sentire; quando turpins aliud scribere, aliud sentire.”; efectivamente, “Es malo decir una cosa y pensar otra; pero es todavía peor escribir una cosa cuando el ánimo te dicta otra”.
Con frecuencia solemos escribir una cosa cuando en lo más profundo de nuestro ser, pensamos otra; nos hemos acostumbrado a decir “lo políticamente correcto” y mientras lo hacemos así, no hay problemas; pero cuando a alguien se le ocurre decir su verdad, inmediatamente aparecen los aspirantes a inquisidores y censores, dueños de una verdad absoluta que no tienen, dispuestos a convertir en “papel mojado” el artículo veinte de nuestra Constitución de mil novecientos setenta y ocho.
Estos autonombrados “domini canes”, que se sienten “martillo de herejes, luz de España y salvadores de su orden”, que se sienten perseguidos y creen ser los nuevos Sabígoto, Agapito, Argiminio o Perfecto; todavía no se han enterado de que el 15 de Julio de 1834 se publicó el edicto que abolió definitivamente el Santo Oficio en España (la Inquisición); y siguen creyéndose herederos de Tomás de Torquemada.
Lástima, que a pesar de sus golpes de pecho, de sus manifestaciones externas en defensa de las más rancias tradiciones religiosas olviden, que la soberbia y la envidia son dos pecados capitales.
Lástima que carezcan de los dones que el Espíritu Santo nos regala, como el don de la Sabiduría, de la Inteligencia y de la Piedad.
Lástima que no posean las virtudes cardinales de Prudencia y Justicia.
Lástima que no hagan suyas las palabras del Evangelista San Juan (Jn 8, 32): “… la verdad os hará libres”.
Y nos da lástima, porque está escrito que como buenos cristianos es nuestro deber: “Enseñar al que no sabe” y “Sufrir con paciencia los defectos del prójimo”; ambas, obras de Misericordia que hemos de cumplir con los que son ignorantes e inmisericordes con nosotros pero, como dijo otro gran escritor romano: Marco Tulio Cicerón: “… quo usque tandem abutere patientia nostra?”
¿Qué es la Semana Santa?
Hablar de la Semana Santa es complejo, porque cada persona que se acerca a las Estaciones de Penitencia de las distintas Cofradías, lo hace desde diversas perspectivas; evidentemente la Semana Santa es ante todo un hecho religioso, pero también es un hecho cultural, estético, tradicional, etcétera.
Sería imposible definir lo que es la Semana Santa de una forma que satisficiera a todas las personas que de una forma u otra participan en ella.
Pero todos estaremos de acuerdo en una cosa, la Semana Santa sólo se comprende desde el sentimiento, ese sentimiento que experimentamos con las sensaciones que nos produce el ver andar a un determinado paso; cuando presentimos que vamos a ver y sentir algo que nos va a emocionar; cuando en la intimidad de nuestro cubrerrostro meditamos sobre nuestro proceder a lo largo del año; cuando una determinada marcha se escucha por una calle estrecha y vienen a nuestra mente recuerdos de años pasados; cuando miramos a una imagen sagrada y recordamos a seres queridos que ya no la pueden contemplar y se establece esa comunión entre la imagen y nosotros que nadie más puede comprender; cuando debajo del paso, con nuestros compañeros y amigos, cargamos un montón de kilos y nadie más que nosotros podemos experimentar esa sensación que estamos buscando durante todo el año.
Como sentimiento que es, como estado afectivo de nuestro ánimo producido por un sinfín de sensaciones, se tiene o no se tiene independientemente de si somos cofrades, kofrades, sacerdotes, religiosos, católicos, andaluces o extranjeros.
Por eso muchas veces los no cofrades no nos comprenden y nosotros no comprendemos a los no cofrades, les falta ese sentimiento que los demás tenemos y que no cambiaríamos por nada del mundo; que nos hace contar los días que faltan para que la primera se ponga en la calle y que nos produce una sonrisa cuando alguien pasa con su coche y por las ventanillas salen las notas de una marcha procesional y pensamos: “ese es de los míos”.
¿Existe un arte Neobarroco?
Con frecuencia, al presentarnos un diseño de bordado, talla en madera, imagen esculpida etcétera nos dicen que es de estilo neobarroco, así nos dan a entender que es una obra barroca realizada en pleno siglo XXI y nosotros cuando tenemos que dar de alta, en el inventario de la Hermandad, la pieza en cuestión, para identificarla, le ponemos al lado la palabreja “neobarroco”.
Por otra parte calificamos a algunas de estas producciones del siglo XXI como “obras de arte”.
Fue el profesor D. Manuel Pérez Lozano en una ponencia presentada en el III Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa, celebrado en Córdoba durante los días 8, 9 y 10 de noviembre de 1996, quien llamó la atención sobre la existencia de un estilo neobarroco en el arte cofrade actual (así tituló su ponencia); poniendo de manifiesto, que el arte contemporáneo, tiene unos parámetros estéticos muy diferentes a un arte cofrade que aunque contemporáneo, no ve en las creaciones de vanguardia los modelos conformables a su estética. Los modelos iconográficos actuales son los que surgieron allá por el siglo XVI y, sobre todo en el XVII, cuando en sus orígenes, el arte cofrade no presentaba diferencia estética alguna con el resto de manifestaciones artísticas coetáneas que se daban en la sociedad de los referidos siglos. Pero en la actualidad no es así, no existe un arte cofrade que vaya paralelo a las manifestaciones artísticas que se dan en pleno siglo XXI.
Por tanto, cuando empleamos el término “neobarroco”, nos referimos a un periodo que exalta las formas del siglo XVII, que las imita y las toma como canon para las producciones nuevas, de ahí que sea más conveniente hablar de “gusto estético por lo barroco” que de “arte neobarroco”, porque no se crea nada nuevo, se imita, con mayor o menor fortuna, a los grandes maestros de los siglos XVI y XVII.
Por eso a las manifestaciones artísticas de todo tipo que se realizan para servir las demandas de las cofradías se las debe considerar artesanía; pueden tener una alta calidad y gran belleza, pero adolecen de la creación necesaria para ser denominadas obras de arte.
En esta controversia de ideas, vosotros los lectores de este artículo, tenéis la palabra, ¿Existe un arte neobarroco?
La liturgia de las horas.
Los Oficios Divinos (en latín, officium divinium, “deber divino”), son un conjunto de servicios no sacramentales de la oración cristiana que deben ser cantados o recitados en determinados momentos del día. Tienen por objeto santificar algunos momentos del día. Las series de horas canónicas han sido una práctica regular en las catedrales y monasterios desde el siglo IV. En su origen se realizaban utilizando el Libro de los Salmos, lecturas de la Biblia (elegidas con carácter instructivo) y una colección de himnos y oraciones. Hacia el siglo XIII, las horas canónicas fueron recogidas en un tomo, llamado Breviario, para el uso privado de los monjes y del clero. Las Iglesias ortodoxas utilizan todavía las viejas colecciones de los libros litúrgicos para realizar los oficios divinos. La recitación de los oficios divinos ha sido obligatoria para todos los sacerdotes (y algunas monjas) en la Iglesia católica apostólica romana desde 1918. El Concilio Vaticano II modificó el breviario y cambió su nombre por el de Liturgia de las Horas.
Los oficios divinos completos son nueve en total:
La vigilia: que tiene lugar a medianoche, o justo después de medianoche, se mantiene sólo en algunos monasterios y en la vigilia de la Pascua de Resurrección que se celebra antes de la Pascua.
Maitines: la oración de la mañana también llamadas matutinae laudes o “alabanzas matutinas”. El nombre proviene del latín matutinus. Es la primera de las horas canónicas. Antiguamente se cantaban los maitines durante las primeras horas del día; consiste en un largo oficio de salmos y lecturas que tiene lugar al alba; el Concilio Vaticano II simplificó este oficio, llamándolo oficio de las lecturas para que se pudiera celebrar en cualquier momento del día. El oficio de las lecturas consiste en tres salmos y en dos lecturas, una de la Biblia y otra de otra fuente, generalmente de los Padres de la Iglesia, de los Santos o de un documento de la Iglesia.
Laudes: que significa “alabanzas”. Es con las vísperas una de las horas principales se celebra después de maitines y durante la mañana, consiste en un himno, dos salmos, un cántico del Antiguo o del Nuevo Testamento, una lectura corta de la Biblia, el benedictus, responsorios, intercesiones, el Padrenuestro y una oración conclusiva.
Prima: la primera de las cuatro horas menores, se celebraba al principio de cada día, es la primera hora después de salir el Sol, sobre las 6:00 horas. El Concilio Vaticano II suprimió este oficio, aunque perdura en las Iglesias ortodoxas y algunos monasterios.
Tercia: la segunda de las cuatro horas menores, tercera hora después de salir el Sol, sobre las 9:00 horas. En los monasterios y en las catedrales, a la hora tercia sigue la misa.
Sexta: La tercera de las cuatro horas menores, sexta hora después de salir el Sol, sobre las 12:00 horas (mediodía).
Nona: La cuarta de las cuatro horas menores, novena hora después de salir el Sol, sobre las 15:00 horas.
Vísperas: palabra que proviene del latín “vesper” que significa tarde. Es el oficio de la tarde. Consiste en un himno, dos salmos un cántico del Antiguo o del Nuevo Testamento, una lectura corta de la Biblia, el Magníficat de la Santísima Virgen, responsorios, intercesiones, el Padrenuestro y una oración conclusiva, se halla estructurada del mismo modo que laudes y tiene lugar a la puesta del sol, por lo común antes de cenar.
Completas: oraciones del oficio divino al acostarse, se celebra por la noche antes de retirarse; el Concilio Vaticano II obligó a aquéllos ligados a la recitación de los oficios divinos a hacerlo sólo una de las tres horas menores que permanecían; sin embargo, todas las horas menores persisten en los oficios divinos ortodoxos.
En los Monasterios suelen cerrar el oficio las antífonas de la Santísima Virgen María, costumbre que parte del siglo XIII. También se suele rezar diariamente.
En La Liturgia de las horas, el día se divide en doce horas diurnas desde las 6:00 horas hasta las 18:00 horas, la hora prima va a ser la aurora que corresponde a las 6:00 horas, las horas se agrupan en periodos de tres horas cada una. La noche se divide en cuatro partes de cuatro horas cada una, comienza a las 18:00 horas y concluye a las 6:00 horas, así tendríamos:
Horas del Día:
Hora Prima: las 6:00 horas. Al Amanecer.
Hora Tertia: las 9:00 horas. Media Mañana.
Hora Sexta: las 12:00 horas. Mediodía.
Hora Nona: las 15:00 horas. Media Tarde.
Hora Vespera: las 18:00 horas. Caída de la tarde.
Horas de la Noche:
Hora Prima: las 18:00 horas. Caída de la tarde.
Hora Secunda: las 22:00 horas.
Hora Tertia: las 2:00 horas.
Hora Cuarta: las 6:00 horas.
¿Por qué se viste a las Dolorosas de blanco y negro?
Parece ser que la tradición arranca del luto que guardaban las damas nobles en la corte de los Austrias. Don Jesús Cabrera, en un artículo publicado en la revista “Alto Guadalquivir” correspondiente al año 1992; refiere que fray Diego de Valbuena, fraile del convento madrileño de la Victoria, confesor de la Condesa de Ureña, pidió a ésta que solicitara a la reina Isabel de Valois (tercera mujer de Felipe II, 1546-1568), conocida con el sobrenombre de “Isabel de la Paz”, que autorizase reproducir en escultura para el convento de Mínimos, un cuadro de la Virgen que la reina trajo de su Francia natal. Se encargó la talla de candelero y una vez concluida fue venerada como Nuestra Señora de la Soledad.
Fue la condesa de Ureña quien decidió que la Virgen, al ser de candelero, se vistiera como lo hacían las castellanas que enviudaban: de negro y blanco. Esta noble, donó sus trajes de luto y creó la costumbre de que las damas aristocráticas hicieran lo propio.
De aquí viene la tradición de vestir a las dolorosas antiguas de negro y blanco.
Evidentemente, pocos trajes han quedado de aquella época, pero sí podemos admirar hoy en día una imagen fechable hacia el último tercio del siglo XVII, que nos puede dar una idea de lo que acabamos de comentar más arriba, se trata de la Santísima Virgen del Señor de la Caridad, magnífico ejemplo de dolorosa, que acompaña al titular de la cofradía cordobesa en la noche del Jueves Santo y que es un auténtico paradigma del “Stabat Mater”.
¿Por qué cambia la fecha de la Semana Santa?
Los evangelios nos dicen claramente que la Pasión de Nuestro Señor coincidió con la celebración de la Pascua Judía (Éx.12,1-25). La última cena no es más que la cena pascual. Sobre qué día fue exactamente, en relación con el calendario judío, hay discusión; siguiendo el evangelio de San Juan (Jn.13,1), fue el viernes. Los israelitas recibieron la orden del Señor de renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisán, que según el calendario israelita comenzaba con la primera luna llena de primavera, es decir; el primer plenilunio de primavera (correspondiente parte al mes de marzo y parte al mes de abril).
La Pascua se celebra en memoria del paso del Señor, cuando pasó de largo por las casas de los hijos de Israel en Egipto, pero hirió de muerte a los egipcios dejando a salvo las casas de los israelitas (Éx.12, 26-31)
La celebración cristiana fundamentalmente es, la Resurrección. Su cálculo está basado en la Pascua Judía y no siempre hubo acuerdo sobre qué día había de celebrarse. El Concilio de Nicea, en el anno Domini 325, fijó los criterios para la celebración de la Pascua de Resurrección:
1º.- Que la Pascua se celebre en domingo.
2º.- Que jamás se tenga la Pascua en el mimo tiempo que los judíos.
3º.- Se prohibía a los cristianos celebrar en el mismo año, la Pascua, dos veces; ya que según los distintos calendarios, se podía dar este caso.
Con estas directrices emanadas del primer Concilio de Nicea, convocado por el Papa Silvestre I, que trató temas tan importantes como la herejía de Arrio y que formuló el símbolo del Credo, llamado Niceno, que con alguna variación es el que rezamos hoy día, se hacía necesario establecer un calendario lo más exacto posible. Esta no fue una cuestión baladí, ya que existían muchos calendarios unos lunares y otros solares y las fechas no coincidían a lo largo de los años.
Para ver con más claridad donde radicaba el problema, vamos a estudiar, aunque solo sea someramente, algunos de estos calendarios.
El calendario egipcio era el más exacto y complejo de los calendarios primitivos, su empleo se supone anterior al año 4241 a. C., estaba basado en la observación de la “salida helíaca” de Sirio, la estrella más brillante del firmamento. Constaba de doce meses de 30 días cada uno más cinco días adicionales festivos. El valor del año trópico para los egipcios era de 365´25 días aproximadamente, resultaba que cada año se retrasaba el comienzo de la primavera a razón de un día cada cuatro años. El resultado era que en el periodo de 1460 años (365 x 4), el comienzo de la primavera había pasado por todos los días del año.
Julio César, por consejo de Sosigenes, estableció el llamado calendario Juliano, para ello, se basó en el calendario egipcio de 365´25 días. Empezó a regir el 1 de enero del año 45 a. de C. La reforma juliana del Calendario consistió en lo siguiente: El año 708 de Roma (46 a. de C.) constó de 445 días, debido a lo cual, se le llamó “año de confusión”, a partir del cual, el año corriente tuvo 365 días (con 15 meses) con uno de 366 días cada cuatro años, llamado bisiesto. Esto equivale a tomar por valor del año trópico 365´25 días. El nombre de bisiesto proviene de que el día adicional se colocó inmediatamente después del 24 de febrero, que era el sexto día de las calendas de marzo, y de aquí el nombre de “bisexto día “.
Este calendario Juliano fue adoptado por los cristianos conservando la nomenclatura de los meses. Pero el calendario Juliano tenía un error anual de 11 minutos y 14 segundos ya que en realidad, el año trópico que es el tiempo que transcurre entre dos pasos consecutivos y reales de la Tierra, o aparente del Sol, por el mismo equinoccio o el mismo solsticio dura en realidad 365 días, 5 horas, 48 minutos 45 segundos y 98 centésimas. Fue corregido por el Papa Gregorio XIII, quien nombró una comisión de sabios, con el fin de que la Pascua de Resurrección continuase coincidiendo con el principio de la primavera. Así se creó el calendario Gregoriano que aumenta 10 días al Juliano y suprime tres años bisiestos cada cuatro siglos, para que el equinoccio de primavera del año 1583 ocurriera el 21 de marzo, Gregorio XIII decretó que el día siguiente al 4 de Octubre de 1582 fuera día 15. Dispuso además, para obtener una mayor coincidencia del año trópico con el civil, que de los años seculares, solamente serían bisiestos aquellos cuyo número de centenas fueran divisibles por 4, de esta manera, fue bisiesto el año 1600, pero no lo fueron los años 1700, 1800, 1900. Este calendario tiene todavía un error de 6 días desde el año 1900 al 10000. La corrección propuesta es la de no considerar bisiestos aquellos años milenarios cuyo número de miles no sea múltiplo de 4. En este caso no serán bisiestos los años 2000, 3000, 5000, 6000, 7000 y 9000.
Con esta corrección el calendario Gregoriano es bueno hasta el año 10000, este calendario es a la vez lunar y solar, tiene por objeto regular las fiestas religiosas, que pueden ser fijas o móviles, las fijas corresponden al calendario solar y las móviles al calendario lunar; La fecha principal de este calendario es la Pascua de Resurrección, pues de ellas dependen las otras fiestas móviles de la Iglesia.
El cálculo de la Pascua de Resurrección es complejo, existen varias fórmulas, entre ellas una muy curiosa de Carlos Federico Gauss, matemático y astrónomo alemán; y unas tablas para su cálculo que no vamos a explicar aquí precisamente por su complejidad. Pero ha de ser siempre en el primer domingo siguiente a la luna llena del mes judío de Nisán; es decir, el primer domingo siguiente al plenilunio ocurrido el 21 de marzo o después de este día, ésta es la razón por la cual el Viernes Santo siempre luce en el cielo la luna llena de Nisán.
La Pascua de Resurrección se celebrará los siguientes días:
AÑO FECHA DE LA PASCUA
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2009 ----------------------------- 12 ABRIL
2010 ----------------------------- 04 ABRIL
2011 ----------------------------- 24 ABRIL
2012 ----------------------------- 08 ABRIL
2013 ----------------------------- 31 MARZO
2014 ----------------------------- 20 ABRIL
2015 ----------------------------- 05 ABRIL
Conocida la fecha de la Pascua de Resurrección las demás fiestas móviles de la Iglesia se calculan del siguiente modo:
Septuagésima:
Se celebra el 9º domingo antes de Pascua de Resurrección.
Sexagésima:
Se celebra el 8º domingo antes de Pascua de Resurrección.
Quincuagésima:
Se celebra el 7º domingo antes de Pascua de Resurrección y coincide con el domingo de carnaval.
Miércoles de Ceniza:
Se celebra el miércoles siguiente a la quincuagésima.
Primer domingo de cuaresma:
Se celebra el domingo siguiente al miércoles de ceniza. Son cinco los domingos de cuaresma.
Domingo de Pasión:
Se celebra el 2º domingo antes de Pascua de Resurrección. Coincide con el último domingo de cuaresma.
Domingo de Ramos:
Se celebra siete días antes del domingo de Pascua de Resurrección.
Cuasimodo:
Su nombre proviene de las palabras latinas “Quasi modo”, con que empieza el introito de la misa de este domingo, también se conoce con el nombre de “dominica in albis” y “dominica post albas”, haciendo referencia al alba, vestido que se considera básico para todos los Sacerdotes; en este domingo se solía deponer el alba de ahí su nombre; es decir, depuestos ya los vestidos blancos, mientras que el sábado anterior era sábado “in albis deponendis “, los vestidos “por deponer”.
Ascensión del Señor:
Se celebra el jueves correspondiente a 40 días después de la Pascua de Resurrección.
Pascua de Pentecostés:
Se celebra 49 días después de Pascua de Resurrección.
Santísima Trinidad:
Se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Pentecostés.
Corpus Christi:
Se celebra el jueves siguiente a la Santísima Trinidad.
Primer domingo de adviento:
Se celebra el primer domingo que sigue al 26 de noviembre.
Esperamos haber satisfecho la curiosidad de muchos cofrades que han preguntado sobre el porqué la Semana Santa no tiene una fecha fija, sino que cambia cada año.
¿Por qué son necesarios los contraguías?
Quien manda, en todos los sentidos la cuadrilla, es el capataz, y aunque parezca una perogrullada, solamente hay un capataz por paso y va en la delantera del mismo. A veces pulula un montón de gente con traje oscuro y gran cantidad de gomina en el pelo, que estorba más que ayuda, y cuyo único objetivo es que los objetivos de la emisora local de televisión “los saquen”, observar cómo miran a la cámara, para darse una importancia que solamente ellos mismos, su familia y amigos creen que tienen, pretendiendo, con sus idas y venidas, restar protagonismo a la imagen sagrada, auténtica protagonista de un paso de Semana Santa. El capataz, el único que debe estar en la delantera de los pasos, da las órdenes necesarias para que éste se desplace; a veces estas órdenes no son oídas por los hombres o mujeres que van en la trasera del paso, en las últimas trabajaderas; este fallo acústico lo suplen los contraguías que repiten las voces de mando del capataz a la trasera de paso. Son dos contraguías y marchan al lado de los dos pateros de cola. Los contraguías, sí son necesarios, sin ellos las órdenes no llegarían a las últimas trabajaderas y además, los pasos andarían “en oblicuo” por no haber nadie, que desde atrás, indique al patero de cola que corrija su posición. Hemos observado, en algunos contraguías avezados, conocedores de su oficio, que continuamente miran el bordillo de la acera y el costero donde se encuentran, procurando que ambos vayan en paralelo, así evitan que el paso ande en oblicuo. En la próxima Semana Santa, cuando veáis un paso y éste lleve más de una persona en la delantera y nadie en la cola, ya sabéis, sobra gente engominada delante y falta detrás; y a pesar de las voces del capataz o de los capataces, que gritan mucho demostrando así la inseguridad que ellos mismos tienen por no saber muy bien de qué va esto, el paso no “andará” según los cánones establecidos. En la Semana Santa hermanos cofrades, todo está inventado.
¿Por qué tiene carácter oficial la procesión del Santo Sepulcro?
Según refiere D. Miguel Salcedo Hierro en un artículo publicado en la revista “Alto Guadalquivir” correspondiente al año dos mil dos, parece ser que la Secretaría de Gobierno del Real y Supremo Consejo de Castilla, encargó el 26 de marzo de 1819 al obispo de Córdoba, D. Pedro Antonio Alcántara de Trevilla, que ocupó la silla de Osio desde 1806 a 1832, la organización permanente de todas las procesiones de Semana Santa conforme a la reglamentación que redactó y aprobó para Madrid en el año 1805, el obispo de Córdoba, en su lucha por erradicar la formas tradicionales de celebrar la pasión, promulgó unas disposiciones el 18 de octubre de 1820; en ellas, las estaciones de penitencia en la diócesis de Córdoba, quedaban reducidas a la procesión oficial en la tarde del Viernes Santo (artículo primero), limitando las imágenes de los pasos a una serie de advocaciones concretas (artículo cuarto); estas disposiciones provocaron una gran reacción en contra, principalmente en algunos pueblos de la diócesis, y supuso en Córdoba capital, la desaparición de las procesiones hasta el año 1849 cuando se organizó, por parte del Ayuntamiento, el desfile oficial del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo.
En la actualidad, con las disposiciones del Concilio Vaticano II, las cofradías, conmemoran más la Resurrección que la muerte del Señor.
¿Por qué las cofradías de la Vera Cruz tienen una Cruz verde?
Las cofradías pasionistas más antiguas son las de la Vera-Crux. Estas cofradías tienen su origen en 1536, fecha en la que el pontífice Paulo III concede indulgencias a la hermandad de la Vera-Crux de Toledo a instancias del Cardenal Quiñones. Los penitentes visten túnica y capirote o capillo de lienzo blanco en el que lucen una cruz verde, también suelen llevar en una parihuelas o angarillas una cruz verde que es el símbolo del árbol vivo, que evidentemente es de color verde y es a la vez expresión iconográfica del himno “Cruz fidelis” del Viernes Santo.
¿Por qué al estandarte se le llama bacalao?
En sus orígenes recibía el nombre de guión, consistía en un paño que colgaba de un travesaño, de forma rectangular, abierto desde la mitad, en forma de triángulo y en cuyo centro figura el escudo de la cofradía.
En la actualidad, es una bandera, generalmente de terciopelo, con el escudo de la cofradía bordado en su centro, se une a un asta rematada por una cruz y se recoge con un cordón de oro o seda con borlas, llevando una formatela en su interior para que el escudo quede a la vista, esta insignia se ha estilizado dando lugar a la forma que actualmente tiene y que se asemeja a un bacalao de ahí su nombre.
¿Por qué a los costaleros del centro le llaman corrientes?
Antiguamente, antes de que existiera la red de alcantarillados, las aguas corrían por el centro de la calle y precisamente a aquellos costaleros que les tocaba el centro de la trabajadera y tenían que andar por donde corre o corría el agua de lluvia se les llamaba “corrientes”, porque pisaban por donde iba la corriente de la calle.
Cofrades y Kofrades.
La palabra cofrade viene del latín cum, con, y frater, hermano. Para la Real Academia de la Lengua, el cofrade es una persona que pertenece a una cofradía.
Una cofradía sería una Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad.
Pero fue el periodista Carlos Colón en una serie de artículos publicados en la edición andaluza del diario “El País”, quien acuñó el término “kofrade”, con “k”.
Los “kofrades” se caracterizan por centrar su atención casi exclusivamente en la actividad de los costaleros, la búsqueda insaciable de novedades, sobre todo en marchas procesionales, el afán coleccionista aplicado a carteles, discos compactos y fascículos de Semana Santa editados por los periódicos, pertenecer a varios foros cofrades de Internet, … y por una desvinculación casi total de la participación en actos religiosos como misas, quinarios, obras asistenciales, cultos internos de cada hermandad, triduo sacro en Semana Santa etcétera.
Ciertamente hoy en día el número de “kofrades” es inmensamente superior al de cofrades, lo malo es que hay muchos cofrades que siendo en realidad “kofrades” tienen carné de una cofradía y así les va a las cofradías con tantos “kofrades” y tan pocos cofrades.
Aunque el refranero castellano es sabio cuando afirma: “Si no quieres desazones, no entres en congregaciones”, advirtiéndonos que la pertenencia a hermandades y cofradías, a buen seguro, y sea cualquiera el fin que se persiga, antes o después dan disgustos y quebraderos de cabeza; por tanto, es mucho mejor ser un “kofrade independiente” que un cofrade dependiente del capricho del Hermano Mayor, Junta de Gobierno, Consiliario, Párroco u Obispo de turno. Se pasa mucho mejor en la Cuesta del Bailío un Domingo de Ramos que en el palco de la calle Ancha, en una reunión de Junta de Gobierno o asistiendo a una charla obligatoria del señor Consiliario al que para colmo, no le gustan las Cofradías. Vivir para ver.
¿Por qué lleva potencias el Señor?
Desde el principio del cristianismo se buscó la manera de distinguir al Señor del resto de Santos, así la iglesia se reservaba el derecho de precisar el número de personajes bíblicos que debían aparecer en las pinturas y frescos, sus actitudes y atributos (Concilio ecuménico de 787); incluso, era la misma iglesia la encargada de definir una jerarquía de colores con los que se representaba cada figura. Para distinguir la imagen del Señor del resto de personajes que aparecían en las distintas composiciones, los rostros de Santos aparecían con un nimbo o halo detrás de la cabeza, mientras que el rostro del Señor aparecía con una Cruz Griega de la que solamente se veían tres brazos. En el transcurso de la historia del arte, estos tres brazos se convertirán en tres resplandores o rayos que se llamarán potencias y representan la divinidad del Señor.





